La posibilidad.

“Solo llegamos a estar escritos escribiendo”
Derrida

O la dificultad que me supone empezar a redactar. Disfruto acumulando datos. Es placentero. Anoto cosas en mi libreta que nunca llego a ordenar. Las reviso y veo potencia. Potencia que nunca llega a ningún acto ¿por qué habría de llegar? Decía el señor Heidegger algo así como que somos nuestras posibilidades y si somos nuestras posibilidades quiero seguir siendo amplia, múltiple, posible. Disfruto imaginando lo que podría ser más que intentando ser nada. Otra defensa de la procrastinación: diógenes de información, defensa de la amplitud.

La realidad es que me abruma la cantidad de notas, que no sé como extraer orden entre tanto caos y me contento con contemplarlo. Quizás si consigo pulir algo conoceré un placer nuevo. El placer del acto. Otra posibilidad que disfruto imaginando.

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Lo que acontece. Vomitar ideas mientras estudio.

“Todo gran pensador tiene solo un pensamiento”
Heidegger

La pregunta a la que le doy vueltas sin parar es la relación del arte con la verdad. Y esto llegado al punto se pasa de abstracto. Concluyo que no existe la verdad. Claro que existen cosas materiales, que caigo, que si me atropella un camión me muero. Lo que quiero decir es algo así como que no existe la verdad en el sujeto. Que es cambiante, variable, que ahora cree “a” con la misma fuerza que mañana creerá “b” y que todo esto es verdad. Por eso me gustan las filosofías del acontecimiento, tan francesas y tan contemporáneas, que relacionan la verdad con lo que acontece, algo imprevisto que crea sujetos temporales con motivaciones temporales en momentos puntuales. Pero todo este pensamiento parte de Heidegger y como a un gato le pasa con el agua el mero nombre “Heidegger” me produce una repulsión inconsistente teóricamente pero verdadera. Odio su manera de expresarse, lo tautológico que resulta a veces, su prepotencia, su callaros todos que aquí está el hombre ario, sus conclusiones absolutas y pedantes como la que cito arriba. Pero como todo ser que guste de estudiar filosofía en la actualidad no he parado de leer a Heidegger. Me gustó la alethéia, la reformulación del concepto parmesiano traducido comúnmente como “verdad” en su sentido etimológico como no- oscuridad, salir a la luz, aparecer. He aquí el acontecimiento, la verdad como lo que sale a la luz y se hace visible, una especie de experiencia estética que deslumbra. Pero ¿ya está? ¿esa es la respuesta a la relación entre ficción y verdad? ¿Lo que acontece? ¿Lo que aparece? ¿El arte enseña cosas? ¿el arte instaura relaciones? ¿Y esto es verdad?

Lukacs diferenciaba dos momentos: el hombre “entero” y el hombre “enteramente”. El hombre es enteramente cuando entra en éxtasis, la experiencia estética; y es entero cuando es normalmente. Es decir, los hombres tienen capas, el hombre entero tiene capas psíquicas, materiales, preocupaciones, deseos, hambre; mientas que el hombre enteramente no, es solo uno, una sola capa que se concentra en una sola cosa que lo recorre por completo. ¿Es más verdad ser una capa o ser muchas? El acontecimiento debería ser algo así como ser una capa, ser enteramente ¿no? Porque normalmente somos enteros. Aunque la experiencia estética sea algo sublime que de sentido a vivir quizás haya que dejar de darle importancia a ser enteramente para ser enteros. ¿Se puede refutar a Heidegger con Lukacs? Todo esto que digo me molesta al decirlo porque tiene un regustillo a ética bastante desagradable. Esta es otra de mis batallas abiertas: no subsumir la estética a la ética. Qué difícil resulta a veces.

Y como siempre pasa, pasan tantas cosas que no sé que pasa. Y sigo sin responder la pregunta. A ver si Badiou y Rancière tienen algo satisfactorio que contarme.